Proyecto Pedagógico

El colegio Stella Maris-La Gavia es un centro de enseñanza para chicos y chicas de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato, que se encuentra situado en el Ensanche de Vallecas llevado e inspirado por los Discípulos de los Corazones de Jesús y María.

El colegio ofrece a sus alumnos la posibilidad de recibir una formación integral que abarque todas las dimensiones de la persona: humana, científica, espiritual, cívica, artística, social y deportiva.

La educación del colegio se fundamenta en la fe católica y en una visión cristiana de la vida dentro de un clima de libertad y responsabilidad personal.

El colegio está animado por la Congregación religiosa Discípulos de los Corazones de Jesús y María que contempla como parte esencial de su carisma la formación cristiana de las personas y en particular en el campo de la educación. Para ello buscan mostrar a los alumnos la dimensión trascendente de la vida de modo que abran sus corazones a algo más grande que ellos mismos. Es un deseo profundo de esta congregación educar a los jóvenes en la belleza, la bondad y la verdad que se identifican con Dios.

¿Por qué el nombre Stella Maris? Estrella en latín se dice stella, y también sidera. Esta última forma parte de otra palabra: desiderium (deseo). Los deseos nacen cuando encuentran una estrella. Y se orientan cuando las estrellas nos señalan una ruta. Como los Magos, los niños podrán ver una estrella porque otros, padres, maestros y religiosos, les ayudarán a interpretar la estrella y les acompañarán en la travesía de su vida. María, se convierte en la verdadera estrella que brilla iluminando el horizonte más grande y bello.

¿Por qué el logo? El logo del colegio surge a partir del logo de los Discípulos, girado sobre su eje repetidas veces. De esta manera resulta una estrella con el centro abierto. La imagen recoge dinámicamente la inspiración del nombre, Stella Maris.

Debajo de la estrella, tres líneas onduladas remiten a las aguas del océano. Así como la estrella se eleva sobre el mar guiando al navegante, del mismo modo María, la Stella Maris, se eleva en el horizonte de la vida como guía segura y fuente de esperanza para la familia.

¿Por qué el lema "para aprender el arte de vivir”? Ya desde la antigüedad la educación era vista como aprender el arte de vivir, un arte que tenía como objetivo suscitar en el niño y en el joven la grandeza y nobleza de la vida. El pedagogo fue comparado con las parteras: su arte era ayudar a que nazca la persona. A esto se dirige todo el arte del maestro: que el educando pueda nacer a una vida grande y bella. No se trata solo de que adquiera una serie de conocimientos, ni una serie de habilidades o destrezas, sino de que sea capaz de entender qué hace buena y bella la vida, y realizarla, cumplirla, logrando colmar su vida en plenitud.

1. Educar es: ayudar al niño a florecer en las diferentes etapas de su vida.

Florecer, porque el niño está en un proceso dinámico de crecimiento global, en camino hacia una plenitud, hacia una vida noble y bella. En cada niño se esconde un genio, un héroe, un santo. Educar es ayudar a que el niño descubra lo que hace grande y bella su vida, lo quiera y camine hacia ello.

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• 1.2. Florecer en relación. No se florece en soledad, sino en un haz de relaciones: familia, escuela, amigos, entre los más importantes. Son las personas que nos acompañan quienes suscitan en nosotros el interés por lo noble y bello de la vida, conforme a la etapa de la vida en que vivimos.

• 1.3. Florecer con prácticas que permitan elegir. El niño no florece si no elige, si no se vincula, si no actúa. La educación ofrece al niño las prácticas adecuadas para que interprete bien y comprenda la realidad en la que vive, pero sobre todo, para que la quiera, la elija, y así se introduzca en las relaciones en las que vive con un protagonismo propio.

• 1.4. Florecer ayudando a prometer. Porque el niño está llamado a algo más grande que lo que es, la educación se fundamenta en la esperanza, y por ello, ayudará al niño a prometer. Las promesas adecuadas a su edad le ayudan a dar unidad e impulso a su vida. Las promesas del niño le permiten cumplir la gran promesa que sus padres recibieron al concebirle y que le hicieron al acogerle como hijo.

• 1.5. Florecer en cada etapa de la vida. El proceso dinámico de crecimiento pasa por diversas etapas, en las que se le abren al niño una grandeza nueva que se le presenta como un reto. Las elecciones fundamentales que está llamado a hacer, configuran el rostro de cada etapa y permanecen en las siguientes. La educación busca que el niño sepa interpretar y elegir lo que hace grande cada etapa de su vida.

2. Educar es: suscitar el interés por la nobleza y grandeza de la vida gracias a los “grandes relatos”

• 2.1.- Pedagogía de los grandes relatos. Educar con los grandes relatos permite que el niño aprenda a descubrir lo que hace grande y bella la vida, y a la vez, lo que la empequeñece y embrutece. En las historias que se le narran, que él debe aprender y contar a su vez, puede comprender los bienes humanos que hay en juego.

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• 2.2. Los grandes relatos nos descubren la trama de la vida. La narración de los relatos permite además, que el niño descubra lo que es la trama que da unidad a una historia, y pueda así entender lo que es la unidad de la vida. Educar no es solo enseñar cosas ni generar habilidades, sino ayudar a que el niño pueda tejer su vida con una unidad de sentido.

• 2.3.- Los grandes relatos educan la imaginación del niño. La imaginación es la encrucijada educativa por excelencia: por ella pasa todo el proceso del comprender y del querer. Educar la imaginación es educar la sensibilidad del niño, en modo que no se detenga en un aspecto, sino que sea capaz de llegar al porqué y al para qué.

• 2.4.- La imaginación educa los deseos y el corazón. Los deseos son impulso en la vida, relaciones y vínculos: requieren ser encauzados y plasmados para que así nos impulsen a una vida buena y noble, nos relacionen y nos vinculen en el bien. La imaginación genera el deseo de lo verdadero, noble y bello. Y con las prácticas adecuadas los deseos se transforman en virtudes. Educar es generar virtudes en el niño que le capaciten para vivir el protagonismo al que está llamado, no en autonomía, sino en interdependencia recíproca. Educar el corazón es educar la afectividad del niño.

• 2.5.- Las virtudes clave en la educación son la pietas,, la studiositas y la laboriosidad. La pietas como virtud de la gratitud, por la que se reconoce el amor que nos precede; la studiositas como afán por la verdad, por el que se desea con empeño comprender el por qué y el para qué; la laboriosidad como orden del trabajo, por el que se sigue con tenacidad un método en el estudiar y aprender.

3. Educar precisa de prácticas pedagógicas: nervaturas del edificio educativo.

• 3.1.- Docencia: dirigida a ayudar a comprender el origen y el fin de la realidad. La enseñanza directa busca no la simple transmisión de un contenido, sino que el niño descubra el sentido aprendiendo a relacionar, esto es, a pensar, en modo que adquiera una visión integral de la realidad. El proceso de memorización se radicará así en un descubrimiento adecuado a cada edad. Para favorecer el trabajo del niño se premiará siempre el empeño perseverante.

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• 3.2.- Artes: dirigidas a suscitar el interés por lo bello y la creatividad. Generar en el niño una sensibilidad por la armonía y lo bello es esencial para que aprenda el lugar que cada cosa ocupa en un todo. A la vez, a través de la fascinación por la belleza y la disciplina en adquirir el arte, se tratará de despertar al niño en la creatividad. La música y el teatro adquieren así una relevancia decisiva en el proceso de maduración. El colegio ofrecerá la posibilidad de una música coral e instru mental, así como una escuela de teatro y de profundización literaria.

• 3.3.- Deporte: dirigido a generar la fortaleza y el trabajo en equipo. En el deporte confluyen la posibilidad de maduración en la virtud de fortaleza, como arrojo y tesón, y a la vez, comprensión de la posibilidad y del límite. Al favorecer deportes en equipo, esta práctica pedagógica genera la virtud del compañerismo, ayudando a los alumnos a situarse con otros en la búsqueda de un bien común.

• 3.4.- Bilingüismo: dirigido a enriquecerse con otra cultura. Aprender otro idioma, es aprender otra cultura. Es un instrumento magnífico para abrir el corazón de los niños a la grandeza de la vida, a la posibilidad de ensanchar su visión de la realidad y su posibilidad de relación. El proceso de aprendizaje del inglés se basará en la adquisición del oído en los primeros años con programas adecuados y en la explicación de los grandes relatos de la cultura anglófona. El colegio ofrecerá una alianza con colegios ingleses y americanos que favorezcan stages de un año o de un trimestre.

• 3.5.- Disciplina: dirigida a favorecer la adquisición del sentido del orden. Además de estas prácticas pedagógicas directas, el colegio ofrecerá una educación indirecta a través de los ambientes, horarios y disciplina propia, cuyo objetivo es que el alumno aprenda a distinguir los lugares, los tiempos y las personas, situándose adecuadamente, según un orden. La tecnología es usada en orden a a algo más grande, que es la sabiduría.

4. Educar con una “clave de bóveda” de todo el proceso educativo: la de amistad con Dios, en la que confluyen y en la que se sostienen todas las prácticas educativas.

• 4.1.- Búsqueda de la excelencia y apoyo en la amistad con Dios. Todas y cada una de las prácticas pedagógicas del colegio buscan la excelencia de lo humano, aquello que hace grande y bella cada etapa de la vida. Por eso, todas y cada una de las prácticas van dirigidas en último término, y hacen relación, a la amistad con Dios. Como las nervaturas de una bóveda, encuentran allí la clave de bóveda, su apoyo definitivo.

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• 4.2.- La amistad con Dios hace grande y humana la vida. La amistad que Cristo nos ofrece es vista no como desgajada de lo humano, a modo de una práctica más, sino como aquella amistad que colma los deseos humanos y hace plenamente humana la vida: más aún, divina. La visión de Cristo, como Hijo de Dios y hombre verdadero, se presentará siempre ayudándose del papel que juega la Virgen María en la Historia de la salvación: enseñar al niño a tratar a Cristo y a su Madre le abre un horizonte de humanidad.

• 4.3.- Visión sapiencial de la realidad. Entre nervaturas y clave de bóveda se da una relación intrínseca, que hace posible una visión integral de la realidad. La asignatura de religión en cada curso se relacionará con los contenidos de las demás asignaturas y ofrecerá una visión sapiencial. Cada ciencia es vista como parte de una sabiduría integrada evitando compartimentos estancos que reducen la mirada parcelando el saber. El reconocimiento del límite de cada ciencia permite vertebrar todas las ciencias en un todo mayor según su origen y destino.

• 4.4.- Práctica sacramental entroncada en el proceso pedagógico. Los sacramentos se propondrán al alumno no como fin de una etapa, sino como inicio de un camino, vinculándolos a las promesas que durante el proceso pedagógico se le piden. A la vez, junto con los sacramentales y otros ritos, se le habituará al niño a una visión sacramental de la realidad: esto es, una visión en la que aprecie cómo Cristo, gracias a su Espíritu, genera un dinamismo nuevo en toda la realidad dirigiéndola al Padre.

• 4.5.- Grupos para los que más quieran aprovechar. El colegio ofrecerá grupos de niños y jóvenes para los que más quieran aprovechar en la fe, en un ambiente de amistad y exigencia que les permita madurar su amistad con Cristo y compartir su fe.

5. La alianza educativa: el sujeto educativo en comunión.

• 5.1.- El niño es el protagonista de su propia aventura educativa. El auténtico protagonismo es aquel que madura desde el sentido de pertenencia. Esto se consigue poniendo al niño en relación y suscitando su acción, mediante el trabajo cooperativo en aula, el sistema de casas y otras prácticas: así el alumno vivirá en forma relevante las relaciones educativas.

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• 5.2.- La familia: compromiso en el respaldo al colegio en su fin y en sus prácticas. La familia es la protagonista principal del proceso educativo: el colegio no puede suplir su decisiva tarea en este aspecto, sino que puede apoyarla. A las familias se les pide adhesión al proyecto pedagógico del colegio y colaboración activa en la educación de sus hijos. Los padres son partícipes del colegio y pueden implicarse en las líneas globales a través del APA y la colaboración en distintas actividades, como son: taller de estudio para el aprovechamiento personal de sus hijos, escuela de padres, fiestas mayores. Ofrecemos la posibilidad de becas parciales para apoyar a las familias numerosas, así como un amplio y optativo horario extraescolar. Este servicio atiende a los alumnos que necesitan permanecer en el centro antes o después del horario escolar.

• 5.3.- El colegio: lo es a través de un claustro vivo, que trabaja en comunión, sacando los problemas de los chicos adelante; el florecer de los chicos se cultiva juntos. Es este el tejido en el que el maestro aprende también su protagonismo en la pertenencia y, así, se hace grande.

• 5.4.- La Iglesia, a través de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María, una joven familia religiosa con la pasión de educar. La inspiración del colegio brota de la vivencia de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María, familia religiosa que recibe de la Iglesia católica su misión de trabajar por el bien de las familias. Los religiosos estarán presentes recordando a los profesores la belleza de su vocación como testigos de una vida más grande, y acompañando a los alumnos en las diversas áreas del centro.

• 5.5. El maestro, testigo de una verdad más grande. Cada maestro es elegido en cuanto se le ve capaz de aportar en un proyecto común. Cada maestro ejerce su misión con una autoridad delegada: por los padres y por la dirección del colegio, con verdadero protagonismo, sabedor de que la autoridad es un bien para el alumno. Al “tutor” compete el seguimiento cercano y constante de la progresión personal en colaboración con los padres.