Prácticas Educativas: El poder de narrar bien

“Érase una vez …” 15, 20, 28 pares de ojos se fijan en la boca que ha emitido esas palabras mágicas. Tres palabras que por sí solas traen silencio, atención, interés… hambre de conocer. ¡Qué poder y qué responsabilidad para quien las lanza! Acaba de abrir una puerta hacia la grandeza o hacia la mediocridad según el relato que las siga. Con ellas invocamos a tres hadas que abren los oídos, despiertan a la imaginación y tocan los corazones.

¿Somos conscientes de la importancia de ese momento “Érase una vez”? No se trata simplemente de ocupar un rato que nos ha quedado libre, de tomar cualquier texto y leerlo más o menos bien a los niños. Esos ojos expectantes, esos oídos atentos, esos corazones tiernos y deseosos de conocer la Verdad, apreciar la Belleza y vivir Bien no se merecen cualquier cosa ni contada de cualquier manera.

El Maestro contaba parábolas a inmensos auditorios anhelantes de Verdad y las narraba desde el corazón del que quiere un gran bien para el oyente. Yo me lo imagino templando su voz adaptándola al auditorio, elevándola con indignación ante el Mal o dulcificándola para consolar, para acompañar, para cuidar al necesitado. Gesticularía para reforzar el poder de sus palabras y todo su cuerpo acompañaría a su voz para hacer llegar su relato al corazón de las gentes.

¿Y nosotros? ¿Qué hacemos? ¿Ponemos nuestro genio en este arte? Contar cuentos es un arte al que algunos se dedican profesionalmente. A todo el mundo no le resulta igual de fácil, pero lo que si podemos hacer todos es preparar ese momento eligiendo bien qué vamos a contar y poniendo nuestro corazón, nuestro deseo de llegar a los niños. Esta manera de plantearse la narración de un cuento ya es parte de la victoria porque el corazón sabe cuándo es otro corazón el que le habla y no son sólo sonidos emitidos por cuerdas vocales mejor o peor dotadas.

¡Pongamos el corazón en el relato! ¡Deseemos el Bien, la Verdad y la Belleza para nuestro auditorio y buena parte del poder de la Narrativa estará de nuestro lado!

¿Y qué leemos? ¿Qué relatamos? Textos que encierren Verdad, que muestren Belleza y que enseñen a querer el Bien. ¡¡¡Pero si son niños menores de 5 años!!! ¡A dónde vas! Caperucita Roja. Sí, la niña de la cestita. Nos enseña el Bien de la obediencia. La Bella Durmiente. Sí, la rubia de la rueca. Nos habla de la Verdad de la victoria, del Bien sobre el Mal. Pinocho. Sí, el niño de madera. Nos muestra la Belleza del amor paternal perseverante y entregado.

Son los cuentos clásicos de tradición oral en su mayoría hasta que unos escritores los recogieron en papel y se hicieron famosos: Perrault, los hermanos Grimm, Calleja, Andersen, Collodi… En ellos encontramos una fuente casi inagotable de relatos que nos ayudarán en esta misión de narrar bien. Eso sí, seleccionemos con cuidado las versiones en sus textos y en sus ilustraciones. Éstas últimas son de gran importancia para los niños de estas edades. ¡Hagámosles exquisitos! Cualquier ilustrador no vale para educar el gusto por lo Bello. Busquemos en sus ojos ese brillo que delata que se han abierto las páginas de un libro maravilloso.

Miss Mercedes Fudio, Coordinadora Educación Infantil.

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