Artículo APA Febrero 2014

El día del padre

Gloria Jiménez Curats. Vocal de Cultura y Deporte

 

En este mes de marzo aprovecharemos para profundizar un poquito más en la figura del Padre. El padre en mi vida, el padre en mi familia, el Padre como hijos de Dios.

Para ello recomiendo vivamente la película, “Prefiero el Paraíso“, dirigida por Giacomo Campiotti.

En ella se narra la vida de San Felipe Neri, sacerdote nacido en la ciudad de Florencia en el año 1515 y que vivió más de 60 años en Roma.

Es sorprendente cómo Felipe descubre su vocación a la luz de unos niños mendigos que, sin padre ni madre, vagan por las calles de Roma, robando a todo el que pueden, para llevarse algo de comer a la boca. Y es entonces cuando San Felipe pregunta a uno de ellos “Y, ¿quién es Dios?” , a lo que le contesta, “Y , ¿cómo voy a saber quién es Dios, sino sé quién es mi padre?“.

Y es que es la experiencia primera de un padre, que nos da la vida, pero no sólo eso, que nos cuida, nos protege, nos fortalece, nos guía, lo que nos hace vivir con un sentido en nuestra vida, lo que nos hace sentir seguridad en nosotros mismos para seguir adelante.

Desde ese mismo momento, Felipe Neri empieza a tratar a aquéllos niños huérfanos vagabundos, como un padre trata a sus hijos: les alimenta, les ofrece una casa que les protege, les enseña, y ellos, comienzan a responder como hijos, dejan de ser eso, mendigos sin arraigo, despojo de la sociedad, para empezar a responder de sí mismos, ante ellos, ante la sociedad y ante Dios.

Ayudemos a nuestros hijos comportándonos como buenos padres, para que ellos, tengan todos los elementos necesarios para ser buenos hijos y den lo mejor de sí mismos, respondiendo totalmente a lo que hayan sido llamados. A veces, quizá, les exigimos demasiado sin exigirnos lo mismo a nosotros, y eso puede hacer que no tengan la fortaleza, o la seguridad necesaria para caminar en su camino, porque les falta el ejemplo de un buen padre.

También, en la película podemos descubrir cómo el hecho de que esos niños se sientan hijos, les hace sentirse hermanos entre ellos, dejando de ser enemigos.

Así, nosotros podemos descubrir que al ser hijos de Dios, somos hermanos entre nosotros, y por ello, debemos ayudarnos dejando de lado todo lo que nos separa y nos convierte en fratricidas.

Es el descubrimiento de reconocernos hijos de un Padre bueno, lo que nos puede llevar a comportarnos como buenos hijos, hermanos, y padres, con una fuerza nueva.

HISTÓRICO DE APA

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