Artículo APA Abril 2014

Alumnos e hijos resolutivos

Pedro José Rodríguez-Rabadán Benito. Vicepresidente del APA

 

El último informe PISA vuelve a dar un revés al sistema educativo español y a inquietar a las familias sobre cómo se están preparando nuestros hijos para el futuro. Suspendemos en la capacidad de nuestros alumnos de 15 años a la hora de resolver problemas de la vida cotidiana. Estamos hablando de cuestiones como programar un aparato de aire acondicionado o comprar un determinado billete de tren.

Los padres queremos que nuestros hijos estén muy preparados para la vida profesional que se les avecina, pero también para la vida lejos del trabajo. Y la vida es inseparable de esa capacidad para solucionar las cuestiones cotidianas, los pequeños retos de cada día, las pe-queñas decisiones que van forjando la personalidad de nuestros jóvenes. La pregunta es, ¿depende sólo del colegio, de los profesores, del sistema educativo, esa preparación para que los alumnos sean capaces de solventar problemas de esta índole?

Evidentemente, no. Es muy responsable en la medida en la que tienen que potenciar las habilidades y capacidades de nuestros hijos, incentivarles, invitarles a explorar, investigar, etcétera. Pero no me imagino a un profesor enseñando a un alumno a poner el aire acondicionado o a comprar un billete, por seguir con los ejemplos antes mencionados. No obstante, siempre es bienvenido repensar la metodología docente para lograr que los chicos y chicas trasladen a la vida ordinaria lo que han aprendido en la escuela. Repensar para dar un empujón a la creatividad, al pensamiento crítico, la comunicación y la colaboración entre colegios y padres.

Entonces, se puede preguntar: ¿es responsabili-dad de los padres? Miramos perplejos la capacidad de nuestros hijos, desde los más pequeños, en el manejo de las nuevas tecnologías. Vemos con asombro cómo niños de dos y tres años manejan un Ipad o un smartphone. Lo han aprendido simplemente mirando a los mayores y trasteado con el aparato, explorando, tocando… Habitualmente es algo que han aprendido por su cuenta, aunque el papá o la mamá están pendientes de lo que tocan, no vaya a ser que rompan el teléfono. Es un buen ejemplo para las cuestiones de la vida cotidiana que van a venir después según vayan avanzando en edad. Los padres, y los profesores, tenemos ese deber de tutela, pero hay que dejarles, desde pequeños, que vayan tomando sus decisiones, que vayan “trasteando”, explorando, para que puedan enfrentarse a los retos de la vida. Siempre vigilantes, pero potenciando la capacidad resolutiva de nuestros hijos. Incluso, cuando son adolescentes, encargándoles algunas cosas que impliquen responsabilidad, huyendo de una desmedida sobreprotección.

Y ciertamente, si conseguimos que nuestros hijos sean resolutivos y capaces de enfrentarse a todas estas cuestiones, estaremos haciéndoles un favor tan importante como su formación académica, porque la vida doméstica se unifica en este punto con la profesional. Una persona resolutiva en casa, con su familia, con sus amigos, también tendrá la capacidad de enfrentarse a los problemas y desafíos que se le puedan presentar en su carrera profesional. Es parte de la formación de la persona.

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