Orientación Octubre 2016

Nuestros hijos son la sociedad del futuro

Dª. Ana Lumbreras, Departamento de orientación

 

Quiero compartir con vosotros un pensamiento que muchas veces, y desde que han sido pequeños mis hijos, ha estado dentro de mí. Incluso antes de su nacimiento ya pensaba: ¿Qué me gustaría que sean mis hijos de mayores? Desde luego la respuesta siempre ha sido clara y simple: quiero que sean buenas personas día a día. Así de “simple” ¡Como si llegar a ser santo fuese tan fácil! Quiero que tengan una vida plena. Que sean hijos alegres, que amen todo lo que hacen, que sean activos, comprometidos, felices. Este es nuestro difícil reto como padres: educar para trasformar esta sociedad llena de influencias que no siempre son positivas y generadoras de un vivir bien y vivir lo bello. Y, ¿cómo puedo conseguir que mi hijo sea lo que tiene que ser, alguien grande, alguien bello? ¿Cómo le trasmito, en el día a día, que nuestro origen es el amor y la vida es la gran oportunidad que nos da la llave para abrir la puerta del amor y llegar a él? ¿Cómo hago para que mis hijos vivan el amor?

En una ocasión uno de mis hijos siendo muy pequeño preguntó: ¿qué tenemos los humanos debajo de la piel, después de la sangre y de los huesos? Esta inquietud, que en principio nos dejó un poco perplejos por no esperar ese tipo de preguntas a tan corta edad, nos hizo pensar una respuesta creativa, y por tanto que le sirviera para ser mejor persona. Así, repetimos la pregunta en voz alta y después de un minuto respondimos: el alma, “algo que aunque no lo tocamos ni lo podemos ver con nuestros ojos está ahí, y las demás personas lo notan en las acciones buenas que tú realizas por ellos”.

No sé si era la respuesta más adecuada pero contenía una explicación a su curiosidad; era coherente con nuestras creencias, orientada desde el principio al fin de la vida, al amor; una respuesta que pudiera expresarse en acciones buenas y que le diera la oportunidad de contribuir al bien común. Mi marido y yo nos miramos pensando: “un elefante se come poco a poco y nos sonreímos“. Cuando uno trasmite con coherencia lo que siente y cree, lo que dice y hace el mensaje llega directo al corazón.

Nuestra hija nos estaba planteando: ¿qué hay más allá de uno mismo? Y éramos conscientes que nuestra respuesta tenía que ayudar a que generase encuentros basados en el amor.

¿Qué dilata el corazón de nuestros hijos? Coherencia, reflexión y acción. Vosotros sois sus modelos. Ayudadles desde una escucha comprensiva, respondiendo con actitudes, palabras y gestos coherentes, pensando cómo pueden ayudar día a día a sus compañeros e impulsando vínculos con aquellos que tienen posturas distintas a las suyas. Y no olvidéis anotar todas las cosas bien hechas que hacen a lo largo del día

Planteadles preguntas: ¿qué deseos tengo?, ¿qué pienso?, ¿qué debo hacer? Familia y colegio son el referente más cercano que vuestros hijos tienen para conseguir una vida grande, día a día, en cada acto que realizan.

Octubre 2016

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