Escuela de Padres Febrero 2014

Amor, sexo, afecto, educación

Dª. Marta Casas - Departamento de orientación

 

Educar al hijo es siempre, de alguna forma, educarlo sexual y afectivamente, porque ¿cómo pode-mos separar al hijo de sus afectos o de su sexuali-dad? Todos, por el hecho de ser personas humanas, somos sexuados, somos varón o mujer y llevamos inscrito en el corazón el deseo de amar y ser amados. La educación de la sexualidad y de la afectividad no difiere mucho de lo que es educar “a secas”. ¿Qué hacemos cuando educamos? Simplificando mucho la respuesta, podemos decir que es acompañar al hijo para que vaya desarrollando de forma integrada las distintas dimensiones de su persona; espiritual, física, psíquica, emocional, intelectual, social, volitiva (de la voluntad). Y, ¿hacia dónde dirigir todas estas dimensiones? Hacia la felicidad del hijo, pero ¿qué es la felicidad sino una vida en el amor? El amor no evita penas, sufrimientos, dificultades, sino que hace que tengan sentido. El desarrollo integrado de la propia persona implica un desarrollo saludable de la sexualidad.

Por lo tanto cuando realizamos educación afectivo-sexual favore-cemos un crecimiento integrado de todas las dimensiones de la persona con el amor como inicio y fin. Y provocamos así un desarrollo saludable de la sexualidad. Que cada uno nos preguntemos: ¿cómo amo yo a las personas importantes en mi vida?, ¿y a las menos importantes? ¿Qué aprende mi hijo de mi for-ma de amar? Que el padre revise cómo vive la integración de su ser corporal con su pensamiento, con su sentimiento, con sus relaciones sociales o con su vida espiritual. Cuando hablamos de sexualidad tenemos que hablar de aparato reproductor y su funcionamiento pero se trata de una pequeña parte de la sexualidad.

El ámbito específico para la educación afectivo-sexual es la familia, donde predomina el aprendizaje por modelaje; el hijo copia lo que ve en los padres. Eduquemos a los hijos para que sean reflexivos y a medida que crecen copien lo bueno de los padres y aprendan de lo equivocado para no repetirlo. La función de la escuela en educación afectivo-sexual es apoyar la tarea familiar y reforzar los temas que van surgiendo en casa.

Vamos a ver la educación de la intimidad, la comunicación. Vamos a tocar dos aspecto de tan-tos, cómo se podrían revisar juntos. Partimos de la educación de la intimidad. Que los hijos aprendan a respetar su intimidad y a seleccionar con quién descubrirla. El hijo necesita experimentar que el padre protege su intimidad en su cuerpo, en sus experiencias compartidas, en su habitación, en sus pertenencias. Desde el nacimiento hasta la adolescencia la intimidad va progresando hasta que el hijo descubre que es un tesoro profundo que tiene que proteger para poder entregarlo cuando y a quien convenga. Proteger y enseñar a protegerse especialmente a las niñas que se han desarrollado pronto pero que aun su mente no se ha desarrollado.

En los primeros años de vida el hijo necesita ser escuchado, acogido, corregido y reconfortado. Necesita experimentar seguridad, confianza y aprender a respetar límites sensatos mantenidos por los padres de ambos sexos. Se va favoreciendo así el desarrollo saludable de la identidad sexual del hijo. Necesita que se le escuchen sus sentimientos y se le reorienten desde el criterio de verdad.

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