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Diario de un Peregrino

Camino de Santiago – alumnos 4ºESO

13 de junio.

Pedrouzo, siete de la mañana. Bruma.
Cuesta despertar a los chicos. Remolonean. 
Ayer terminamos el día con cena en Casa Regueiro, una comida que apenas entraba porque comimos tarde y porque el cuerpo pedía descanso. 
Hemos coincidido las últimas etapas con el Colegio Arzobispal de Madrid. Preguntas, compadreo y amistad.

También ayer, en la misa del peregrino, nos animaban a entrar en la última jornada limpios, a confesar para alcanzar y abrazar con fuerza Santiago.
Es curioso como preparamos mochilas, entrenamos el cuerpo, aligeramos peso para caminar bien y olvidamos la mochila de pesadumbre a que nos atañe al suelo e impiden volar alto.

Uno mira al compañero y piensa que no se iría con él de viaje: que sí es un histérico con la puntualidad, que sí es un lento, que como come, ronca, o grita o se expresa. Que poco grupo hace, o que servicial. Cuánto reza este y que poco recorrido tiene aquel.
Definitivamente no, no me habría ido de viaje con él. Pero esto no es un viaje. Porque vuelves a mirar y te ves en él. Te muestra como en espejo lo que tienes dentro.

Y esto ocurre porque no es un viaje. Es peregrinación. No solo salimos de un punto kilométrico para llegar a otro. Salimos con nosotros y llegamos con todos. Con los que te acompañan y los que quedaron. Con tus seres queridos y los que Dios ha puesto para ti. Y llegamos todos juntos.

Por eso, aún cuando el grupo se ha ido disgregando – cada uno a su ritmo – esperamos todos: los que van delante a los que llegan tarde, para alcanzar juntos El Monte del Gozo.

Allí paramos, bebemos, comemos y rezamos un rosario.

Y llegamos a Santiago. A los pies del Santo. Con nuestras vivencias, con nuestras vidas, con nuestros corazones llenos de deseos, agradecimientos y peticiones. Os llevamos a todos a su intercesión.

12 de junio. Camino de Pedrouzo.

El día amaneció muy frío esta mañana hoy en Arzúa tan solo 8ºC y una neblina que apuntaba a que el día sería interesante.

Han sido 20 km a lo largo de los cuales hemos tenido que transcurrir por carretera pero la mayor parte, igual que ayer, a través de roble y de castaños. Una neblina muy densa a primera hora de la mañana hizo que tuviéramos que abrigarnos. Entramos en la capilla de Santiago en Arzúa donde ayer habíamos celebrado la Eucaristía, y después de sellar y hacer el ofrecimiento del día nos pusimos en camino.

Igual que ayer el grupo va tomando su cuerpo. Hay algunos que empiezan rápidamente a coger tiempo. Echan adelante y otros se han prolongado. Los profesores nos mantenemos. El P.Paco en cabeza, Alexandría detrás y yo, D. Alejandro, un servidor, al medio. Vamos encontrando hueco para hablar con cada uno de ellos. Solamente con la compañía ya muchos empiezan a hablar y comentar.

Hacemos una parada a medio camino. Aproximadamente 2 horas y media del arranque. Rezamos un rosario y tomamos frutos secos.

Arrancamos. Llamó la atención a los muchachos un matrimonio con un hijo en mochila a la espalda, otro en mochila al pecho y la madre con mochila enorme a la espalda y dos hijos pequeño en cada mano.

«Buen camino» es el saludo que se oye con todos los que nos encontramos. Es un deseo del corazón. Se le dice al que te pasa y al que tú superas cuando llegas a su lado. Gente mayor, gente joven. Peregrinos en parejas, o en grupo. Nos hemos picado con otro colegio por llegar antes a un punto del camino, acelerando para llegar primero.

Han llegado las primeras agujetas, y ampollas en este albergue Edreira, dónde Fernando nos ha ubicado en habitación de ocho para los chicos y las seis chicas en otra con una pareja extranjera.

La intención esta tarde es oir misa en la iglesia del pueblo y luego un memorare. Ayer cada uno, antes de la celebración, escribió en su cuaderno del peregrino las experiencias, expectativas, los miedos y deseos.

Hoy hablando con algunos de ellos que ya entraron en el espacio íntimo del corazón decían que salían a relucir aquellos a quienes amamos y hacen el camino con nosotros pues los llevamos en el corazón.

Algunos caminantes al ver al padre Paco, su cleriman, ya reciben una palabra. Algunos le saludan con afecto, como la viejecita de ayer que le regaló una concha del peregrino y le pidió rezar por ella en Santiago.
Otros miran con recelo. Otros bajan el tono o las conversaciones.
El que lo vio, porque iba detrás de él, es testigo.

Santiago tiene cabida para todos. El abrazo del santo, que espera a toda la humanidad, muestra el amor de un padre amoroso que a todos quiere.

Hay también otras muchas cosas que contar en este camino. Brujos, reikis, místicos sin espíritu ni experiencia. Vendedores de conexión con la naturaleza. Bares, para alimentar el cuerpo y refrescar la garganta, pero que no curan el alma. Porque todos, al conseguir hacer silencio, descubren que el dolor y sufrimiento es un altavoz de Dios para hablarnos en nuestra vida.

11 de junio. Camino a Arzúa.

D. Alejandro de Pablo Martínez. Tutor 4ºESO A.

Al llegar anoche a Melide nos alojamos en un albergue regentado por un matrimonio que se conoció en el camino. Celebramos una eucaristía para terminar la jornada y dar gracias, por estar aquí, por poder caminar. Tras una ducha, una cena estupenda con pulpo, la lluvia nocturna – que cae como una bendición sobre esta tierra siempre verde – nos acostamos.

Amanece fresco, 10 grados. En Melide, bajo el cruceiro más antiguo de Galicia, repartimos en cuaderno del peregrino que prepararon los alumnos en el colegio. Nos sellan la credencial en Santa Maria de Melide, cuyo altar visigodo data del s. VIII (uno de los más antiguos de España junto con el de la catedral de Salamanca).

Comenzamos a caminar hacia Arzúa (16 kms) entre robles y castaños, por tierra prieta. Está nublado, sopla el viento y en algún momento, al parar, uno ha de protegerse. 

El grupo se alarga, cada uno lleva su ritmo. Caminar, aún cuando todos lleguemos al mismo destino, lo hacemos al paso de nuestras experiencias.

Ribadiso, ya casi llegando a Arzua – con su puente sobre el río que fluye tranquilo – invita a una parada para encarar la última subida hasta nuestro albergue.

Terminamos el dia. Cansados, pero contentos y disfrutando de la temperatura y de la gente que tiene Galicia.

10 de junio. Palas de Rey

D. Alejandro de Pablo Martínez. Tutor 4ºESO A

Santiago nos espera. 
Saber que alguien no se moverá, que te da tiempo a preparar el encuentro, invita a una espera sosegada. A lo lejos, en kilómetros que no en el corazón, se vislumbra un cariñoso abrazo. Dejando atrás la vorágine de Madrid, de su plaza de Carlos V, su Estación de Atocha, con el tráfico en la M-30… cuando uno llega a estas tierras gallegas cubiertas por un eterno manto gris de nubes, se serena el espíritu.

Llevamos las palabras del P. Juan Antonio invitando a los pies de María, Stella Maris, a ser los pies que lleven todo el colegio en peregrinación, sin miedo a abrir el corazón; llevamos unos cantos en el viaje, cambiando de coches en sus paradas y compartiendo bocadillos. Todo ello nos ha traído a Palas de Rey, nuestro punto de partida.

Nos sellaron la credencial en la parroquia de San Tirso, imploramos la bendición entonado «Entremos en la mar» y comenzamos el camino: 14 kilómetros vespertinos con los que arrancamos.