Colegio Stella Maris La Gavia - Tel. 91 300 50 70 (Código 28073173)

La importancia de la alimentación para un correcto desarrollo

Durante los primeros años de vida, se sientan las bases del desarrollo de los niños. Por eso, es importante crear buenos hábitos alimenticios desde la primera infancia.
La alimentación es el proceso de proporcionar al cuerpo alimentos e ingerirlos. Se trata un proceso voluntario y consciente y, por lo tanto, está en nuestras manos modificarlo. Sin embargo, alimentar adecuadamente no consiste solo en aportar al niño alimentos suficientes. Requiere, además, de una selección adecuada de alimentos que cubran las necesidades nutricionales del niño.

Hay que tener en cuenta que de los tres a los seis meses se modifican los hábitos dietéticos de los niños y niñas. La leche deja de ser el único alimento y se comienzan a introducir otros que para el niño son totalmente nuevos. Durante estos primeros años de vida, su alimentación depende de los adultos, especialmente de padres y educadores, que intervienen de manera activa. La relación que estos tengan con la alimentación condicionará, en cierta medida, la relación que se establece entre el niño, el adulto y la comida.

¿Cómo será la alimentación a partir del año?

A partir de los 12 meses debe iniciarse progresivamente la introducción de alimentos de textura más gruesa para ir acostumbrando al niño a los alimentos troceados.
El período que nos ocupa es una etapa madurativa en la cual el niño realiza avances importantes en la adquisición de funciones motoras. Hay que poner especial cuidado en la conducta alimenticia del niño que puede estar sujeta a determinadas aversiones y preferencias, lo que puede conducir en ocasiones a una dieta carente de algunos nutrientes.

¿Qué dificultades y actitudes nos encontramos ante la comida?

Padres y educadores tienen que hacer frente a diversos factores que influyen en la alimentación y su práctica durante la infancia. Unos se relacionan con el temperamento de los niños, otros con la maduración neuromuscular y la coordinación. Además, los factores psicológicos también juegan un importante papel. Para conocer e intervenir ante las dificultades y trastornos en relación con la alimentación es necesario identificarlos y caracterizarlos.
Muchas veces las expectativas que se crean ante los hábitos en la mesa pueden ser las causas, en parte, de la aparición de algunas dificultades, que podríamos clasificar en dos actuaciones:

  • El niño no tiene apetito: No debemos confundir apetito con hambre, ya que el hambre es una necesidad de alimento no cubierta, mientras que el apetito conlleva un componente psicosocial y se caracteriza por el placer o deseo de comer. Por tanto, el niño puede no sentir ese deseo ya sea por cansancio, calor o incluso alguna experiencia de rechazo a alguna comida. Es por eso que la actitud de los padres y educadores es fundamental. Deben proporcionar un clima agradable y relajado. Se deberán establecer pautas de comportamiento en relación con la duración máxima de las comidas y el volumen de las porciones de alimentos. Además, algunas prácticas nutricionales son útiles, como buscar equivalentes que sustituyan a los alimentos rechazados.
  • El niño rechaza nuevas texturas: Si el niño rechaza un alimento por sistema, es conveniente esperar una o dos semanas antes de dárselo de nuevo. Si persiste en su actitud de rechazo, se puede intentar el mezclar un poco el nuevo alimento con su alimento preferido y, a medida que el niño empieza a comer el nuevo alimento, ir aumentando la proporción de éste.

Además, no podemos olvidar que la alimentación tiene un claro carácter social, por lo que niños y niñas deben aprender las reglas establecidas por la sociedad en la que vivimos. Estas normas están relacionadas con el comportamiento en la mesa, el manejo de los cubiertos, beber y comer por sí mismos correctamente, etc.

Para que el niño o la niña adquieran estos hábitos, se necesita una programación sistemática, conocer el grado de madurez de cada niño o niña y el nivel que debe alcanzar en cada edad, así como la colaboración entre familia y escuela.

¿Cuáles son las pautas para la adquisición de hábitos alimenticios?

  • Actuar con paciencia, ya que la automatización de conductas siempre requieren tiempo.
  • Respetar el ritmo de cada niño durante las comidas, haciéndole saber que hay un tiempo limitado (demasiado tiempo delante del plato no hace atractivo el momento de la comida).
  • Motivar a los niños en el momento de la comida, a través de juegos, canciones, frases, etc.
  • Cuando aparezcan conductas inadecuadas como escupir la comida o no masticar, es conveniente corregirlas poco a poco, ya que más adelante pueden convertirse en un problema que requiera otro tipo de intervención.
  • Preparar el lugar idóneo para las comidas y eliminar cualquier estímulo que distraiga al niño, como la televisión. Puede parecer que la televisión es un buen aliado, pues con ella puesta parece que el niño come sin problemas. Sin embargo, esto hará que se encuentre “ausente”, y esa falta de conexión con el acto de comer puede pasar factura más adelante.
  • Cuidar la postura desde que se sienta en la trona, ya que irá experimentando una evolución de pasar a comer a una silla especial a la mesa de “mayores”.

¿Cómo podemos instaurar hábitos correctos en la mesa?

  • Evitar que se levanten de la mesa. Para ello, procurar que vayan al lavabo antes de comer.
  • Debe centrar su atención en la comida, evitando el uso de juguetes o pantallas.
  • El niño o la niña debe tener cuidado en que no se le caigan los alimentos fuera del plato y, si esto ocurre, deberemos proceder a su limpieza cuanto antes para que no lo vea como normal y empiece a apreciar la higiene durante la comida. Si se ha manchado las manos, deberemos lavárselas después de comer.

Para concluir, no debemos olvidar que nuestras actitudes como padres y docentes pueden influir en la formación de buenos hábitos, así como la importancia de mantener una estrecha relación familia-escuela para ir en consonancia.