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D. Marcos García-Ramos, tutor de 1º Primaria

Es tiempo de trabajo. Parece que hoy, la palabra trabajo tiene un sentido negativo, casi despectivo, a no ser que hablemos de tener un trabajo remunerado, entonces es positivo. Sin embrago, no deja de ser trabajo.

La definición de trabajo según la física es la fuerza que se aplica sobre un cuerpo para desplazarlo de un punto a otro. Eso quiere decir que requiere de un gasto de energía.

Para los grandes filósofos griegos, el trabajo no pertenece al ámbito propiamente humano. Platón en La República lo circunscribe al interior de la caverna, donde los hombres, atados con cadenas e ignorantes del bien y de la verdad, desarrollan las actividades cotidianas. Para Aristóteles, trabajo y vida ordinaria son características específicas de la oikia, es decir, de la casa o ámbito doméstico. Contrapuesta a la oikia, la polis o ciudad se erige en el espacio vital donde el hombre político es libre, se dedica a la contemplación o teoría y adquiere las virtudes de su naturaleza racional y social. El ocio es lo propio de la polis, lugar donde el ciudadano alcanza la «vida buena», frente al nec-ocio, propio de la casa o ámbito de la «vida», caracterizado por la producción y la reproducción y reservado a la mujer y a los esclavos. Esta doctrina se mantiene prácticamente intacta a lo largo de la Edad Media, que pone el énfasis en la contraposición entre vida contemplativa y vida activa: la primera consiste en la contemplación amorosa de Dios y es posible por el apartamiento del mundo y de los quehaceres seculares; la segunda es la que se desarrolla en el mundo, en donde priman el trabajo y la cotidianidad.

De todas formas, el cristianismo aporta un primer enfoque positivo. San Benito, por ejemplo, presenta la laboriosidad como una virtud que permite huir de la ociosidad: es la primera vez que el trabajo se entiende como un medio para conseguir la perfección humana. Esta connotación, ausente en la visión clásica, se encontraba ya en la tradición judaica, que apreciaba, por ejemplo, la dedicación de los maestros de la ley a un oficio manual.

Podemos decir que el trabajo es un paso adelante hacia el crecimiento del ser humano. Sin embrago, la sociedad actual empuja a nuestros hijos a un ocio constante, definiéndolo como el verdadero camino hacia la felicidad plena. Móviles, pantallas, tablets, consolas, centros comerciales, infinitas series de televisión, consumismo, montañas de juguetes… Pero nuestros hijos terminarán por preguntarnos: ¿Dónde está la felicidad en todo esto? Cada vez quiero más y nada me satisface.

Pensamos muchas veces que el sufrimiento provocado por el esfuerzo en sus tareas debe ser eliminado o al menos minimizado. Nos equivocamos.

El esfuerzo nos hace descubrir de lo que somos capaces. Y el sufrimiento nos hace comprender la importancia de lo que estamos realizando. El trabajo nos descubre el valor de la vida. Cristo mismo trabajó, ¿o creemos que estuvo 30 años sin hacer nada en aquella época? Los ninis no tenían cabida en aquellos territorios dominados por legiones romanas que exigían impuestos. Pero tampoco a nadie se le ocurría que podía vivir sin trabajar.

El que no trabaja, que no coma, dice San Pablo. Yo siempre le digo a mis alumnos, el que no trabaja, que no apruebe. Es una forma de decir que el trabajo, el esfuerzo, el sufrimiento es necesario para crecer, para hacerse grande en un mundo donde lo grande se mide likes y el esfuerzo en Gigas.

Hagamos de nuestros hijos grandes personas que sean capaces de devolver al mundo el verdadero valor de la vida.